NacionalPortada

La gasolina, la plata del avión y el papel de José Luis Lupo

El ministerio de la Presidencia, convertido en cajón de sastre donde acomodar todas las incomodidades, parece perder comunicación para centrarse en la coordinación… si le dejan

Semana de desconcierto que acabó en tragedia y consternación. Luto en Bolivia, máxima solidaridad con las víctimas, pleno apoyo para la restauración de la normalidad y tiempo suficiente para analizar la tragedia, identificar las fallas, depurar responsabilidades si las hay y aprender de las lecciones que ha dejado el accidente aéreo más grave de los últimos años, con al menos 20 fallecidos y varias decenas de heridos.

Los tiempos políticos son, sin embargo, tanto más acelerados, y lo cierto es que la tragedia ha vuelto a poner al descubierto una de las grandes fallas del gobierno de Rodrigo Paz Pereira, que se atribuye ligeramente a la comunicación, pero probablemente tiene más que ver con la coordinación del gabinete.

El accidente se produjo a media tarde del viernes, luego de una tormenta. El presidente Rodrigo Paz Pereira estaba en Tarija con el presidente de la CAF y otros colaboradores luego de participar en un acto pseudo electoral presentando la financiación para la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales sin la compañía de las instituciones.

La tragedia era de proporciones considerables: un Hércules con medio siglo volando se salía de la pista del aeropuerto de El Alto y cruzaba una de las avenidas que lo circunvalan – afortunadamente una de las menos transitada -. A todo esto se sumaba el elemento garciamarquesiano imprescindible. El avión volaba con ingentes cantidades de dinero de curso oficial y nuevito que iban a depositarse en las bóvedas del Banco Central.

La información del accidente se fue canalizando pronto pese al terrorismo tiktokero habitual: el avión aterrizaba, no estaba en fuga ni había caído en mitad de la ciudad. La información de la plata fue otra historia.

Fallaron los sistemas de emergencia, no tanto los bomberos sino los de las Fuerzas de Seguridad para acordonar el lugar. La plata ya había volado en buena parte y unos y otros se acusaban entre sí. La información oficial se dispersó: el Ministerio de Defensa dio una versión, el de Economía otra, el Banco Central de Bolivia, y el sábado de madrugada los ciudadanos camino de la feria se enteraban que sus billetitos de la serie B que circulaban desde octubre ya no servían.

La paranoia duró hasta media tarde, cuando al fin el BCB publicó exactamente las numeraciones de la serie B que serán anuladas, y que con mucha probabilidad tendrá escaso efecto, pues en dos meses pocos se acordarán de las mismas, y en cualquier caso, bastaría con no depositar billetes de 10, 20 y 50 para que nadie las detecte.

La acumulación

El problema político surge por acumulación: la disparidad de versiones y la falta de un vocero oficial ya se ha repetido con otras crisis sonadas en lo poco que va de gestión – apenas 100 días carajo -.

El tema de las 32 maletas cargadas de dinero que igualmente se han estido ha quedado en una nebulosa sin que nadie haya asumido responsabilidades directas, mientras que el de la gasolina sucia sigue dando coletazos y, esa sí, amenazando con escalar más arriba.

Esta semana había habido un nuevo momento de tensión, con Edmand Lara pasando a la ofensiva tras ser desposeído también de sus últimas “pertenencias” presupuestarias como vicepresidente. Lara se plantó en el acto en el que las cabezas visibles del sector intentaban explicar un sistema “sencillísimo” con media docena de pasos y que incluye firma digital, pero todo por WhatsApp, para averiguar si el motor arruinado con el que te ganabas la vida lo va a pagar alguien que no seas vos. Solo averiguar.

Coordinar o comunicar

Todo esto ha sucedido en la semana en la que se abortó la licitación de un contrato comunicacional (de 700.000 bolivianos) a la medida de la especialidad del asesor de cabecera de Rodrigo Paz, el argentino Fernando Cerimedo, tótem de la ultraderecha continental y experto en tendencias de redes y control de crisis y conversaciones – lo que otros llaman capitán general del ejército de trolls y bots –  y en la que Carla Faval le ha ganado el pulso a José Luis Lupo y se ha llevado la Dirección Estratégica de Comunicación de Ximena Galarza a la Oficina del Presidente.

Hasta ahora el esquema era un tanto disfuncional. La oficina del Presidente tiraba línea sobre la agenda y la Dirección de Comunicación coordinaba con los diferentes Ministerios las agendas específicas. La prioridad comunicacional de Rodrigo Paz y sus asesores contrasta con el posicionamiento gris y eficiente que el ministro de la Presidencia, José Luis Lupo, quiere darle a la gestión global para marcar la diferencia en el mediano plazo. El choque puede ser catastrófico.

Unificar la estrategia de comunicación del gobierno parece a priori una buena idea para la cohesión, pero difícilmente solucionará los problemas si no se aborda el problema central que es la coordinación general y el establecimiento de las prioridades.

El lupismo

Lupo, pese al perfil bajo, está en el foco, más cuando su aparente mentor, Samuel Doria Medina, ha formulado algunas críticas sobre el gobierno de Paz que en realidad parecen intentar apuntalar su posición frente a otras carteras.

A Lupo le han caído todas las papas calientes que han ido apareciendo en el camino: El INRA cuando se entendió que dejarlo en manos de la agroindustria era una bomba de tiempo; Justicia cuando el pulso con Lara obligó a Paz a improvisar; y el propio Lara, cuando le encomendaron crear un viceministerio para controlar su gestión y ahora cuando le han caído sus oficinas estadísticas y hasta la Biblioteca del Bicentenario. “Lupo para todo”.

El problema de la gasolina lleva más de 40 días sin cerrarse ni depurarse. El problema de comunicación es derivado del problema de coordinación, que algunos atribuyen a incompetencia, otros a estrategia y otros a afanes de protagonismo.

En el formato de Gobierno presidencialista como el actual, el rol del ministro de la Presidencia es central. Con un vicepresidente anulado que no ejerce de coordinador ni con la Asamblea ni con el gabinete ni con los movimientos sociales, se vuelve vital. Cualquier comparación – en términos de eficiencia política – con los “años de oro” del evismo, con un García Linera liquidando rivales internos y externos y aplicando el rodillo en el Legislativo y un Juan Ramón Quintana manejando sin piedad la maquinaria del Estado, son odiosas. El recuerdo de un Luis Arce atrincherado en su despacho con una corte de adulones, es sin embargo más cercano.

Ordenado ya el cómo se van a contar las cosas del gobierno, Paz tiene que decidir ahora a quién le da el metrónomo de la gestión. O si se lo queda para él. Lupo puede pasar de piedra angular a prejubilado en un abrir y cerrar de ojos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *