Lágrimas, promesas y fe: miles de devotos peregrinan al Calvario de Urkupiña
Entre lágrimas, cansancio y entusiasmo, miles de devotos llegan este domingo al Calvario, en el cerro de Cota, después de caminar durante horas desde la ciudad de Cochabamba. Algunos avanzan de rodillas, otros recorren el trayecto en familia, pero todos comparten el propósito de llegar hasta el santuario para agradecer, pedir y renovar su fe en la Virgen de Urkupiña.
La caminata comenzó pasada la medianoche, a primeras horas de este domingo, desde la Catedral de Cochabamba y comprende unos 13 kilómetros hasta Quillacollo. El trayecto transcurre durante la noche, entre el frío y el cansancio, hasta llegar al ascenso final al cerro de Cota, por un terreno irregular.
En este último tramo, algunos fieles avanzan de rodillas como muestra de fe y cumplimiento de sus promesas. La ruta cuenta con señalización y puestos de auxilio, de acuerdo con los datos proporcionados por el Gobierno Autónomo Municipal de Quillacollo.
En el Calvario se cumple uno de los rituales más representativos de la festividad: el préstamo de la piedra. El peregrino toma un fragmento de roca del cerro como símbolo de aquello que pidió a la Virgen y se compromete a regresar al año siguiente para devolverlo. Si su petición se cumple, retorna con otra piedra en señal de agradecimiento y renueva el ciclo de la promesa.

El Calvario es el corazón de la leyenda fundacional de Urkupiña, de acuerdo con la información histórica y tradicional difundida por el municipio. El relato cuenta que una pastora del lugar veía y conversaba con una señora que llevaba un niño en brazos. Cuando llevó a los vecinos hasta el cerro para mostrarles la aparición, la figura se elevó y la niña la señaló mientras exclamaba en quechua: “¡orqopiña!”, expresión interpretada como “ya está en el cerro” y de la que deriva el nombre de Urkupiña.
La caminata desde Cochabamba se convirtió con el tiempo en una tradición para familias enteras y también en una de las primeras experiencias de fe de muchos jóvenes. Algunos llegan después de una larga noche de marcha, mientras otros pasan la noche anterior en el lugar para recibir el amanecer en el santuario.
En la explanada de los arcos, las familias, carpas y puestos instalados reciben a quienes completan el trayecto.

Esta jornada representa una de las expresiones más profundas de la festividad de Urkupiña, que durante estos días reúne oración, procesión, música y danza. La entrada folklórica abrió el programa central el viernes, mientras que el sábado la misa central y la procesión de la Virgen concentraron la devoción de los creyentes.
Los peregrinos llegan desde distintos lugares de Bolivia e incluso de otros países, unidos por promesas, agradecimientos y pedidos. Para muchos, llegar hasta el Calvario no representa solo una caminata, sino el cumplimiento de un compromiso de fe que los lleva a regresar cada agosto a Quillacollo.
