Tarija: la ciudad que baila sus promesas a San Roque
Plumas, colores, tambores y pasos acompasados toman las calles de Tarija cada agosto y septiembre. Son los chunchos promesantes, protagonistas de la Fiesta Grande en honor a San Roque, que recorren la ciudad como parte de una tradición de fe nacida de antiguas rogativas por la salud y transmitida de generación en generación.
Tarija, ubicada al sur de Bolivia, conserva esta expresión como parte de una identidad marcada por la música, las costumbres y la religiosidad. De acuerdo con información oficial a la que accedió ABI, su origen se remonta a la época colonial, cuando los habitantes acudían a San Roque para pedir protección para ellos y sus seres queridos frente a epidemias y enfermedades.
Aquellas rogativas se mantuvieron en el seno de las familias y la comunidad católica. Con el paso del tiempo, la petición de salud encontró también una forma de expresión en la música y el baile, hasta convertirse en una manifestación que cada año vuelve a reunir a la población.

Los chunchos de la promesa
Los protagonistas más reconocibles son los chunchos promesantes. Sus atuendos destacan por las plumas, los colores y los adornos que acompañan sus turbantes, ponchillos y pollerines. En filas y al compás de tambores y otros instrumentos, avanzan por las calles como parte de su compromiso con el santo.
La danza no es solo una presentación. Para quienes participan, representa una promesa vinculada a una petición, un agradecimiento o el deseo de mantener la protección recibida. Por eso, cada paso tiene un sentido que trasciende el espectáculo y convierte el recorrido en una expresión colectiva de fe.
El color también forma parte de la escena. Las vestimentas, la música y el movimiento de los fieles contrastan con los espacios religiosos que atraviesan durante las procesiones y dan a las calles tarijeñas una imagen que se repite cada año.

Fe que recorre las calles
Los festejos comprenden procesiones por las principales vías de la capital tarijeña, con visitas a la catedral, iglesias y otros lugares de devoción. Los participantes acompañan el recorrido con plegarias, cánticos, música y danzas, mientras los vecinos ornamentan los templos y los espacios por donde pasan los devotos.
La programación también incorpora festivales musicales, actividades culturales y deportivas, además de fuegos artificiales. Así, la devoción se extiende más allá de los actos religiosos y genera un encuentro que involucra a familias, músicos, bailarines y vecinos.
El centro de la celebración permanece en la figura de San Roque y en la antigua petición de salud que dio origen a las rogativas. Esa relación entre fe y comunidad permitió que la costumbre sobreviviera al paso del tiempo y se transmitiera dentro de las familias.

Por ese vínculo entre religiosidad, prácticas comunitarias y transmisión generacional, la Fiesta Grande de Tarija fue inscrita el 14 de diciembre de 2021 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco.
Desde entonces, el reconocimiento internacional acompaña una tradición que ya formaba parte de la vida de los tarijeños. Cuando los tambores comienzan a sonar y los chunchos promesantes avanzan por las calles, una antigua rogativa vuelve a expresarse con música, color y danza.
