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Bolivia, patrimonio del mundo

Bolivia es un mosaico vivo de contrastes donde la mística andina abraza la inmensidad verde del oriente, una nación bendecida que atesora múltiples Patrimonios de la Humanidad y legados mundiales que custodian la memoria eterna de la Tierra. En los 201 años de la liberación del país, hacemos un recuento de la riqueza existente en el corazón de Sudamérica. Es una soberanía que se celebra recorriendo destinos donde la geografía y la mano humana han creado verdaderas obras de arte universales.

Quienes desean ver un mar blanco o una noche repleta de estrellas pueden visitar el Salar de Uyuni, en Potosí. Aunque este colosal desierto salino —el más grande del planeta— lidera las maravillas naturales del sudoeste del país, el departamento potosino también resguarda el primer sitio oficialmente declarado Patrimonio Mundial por la Unesco en Bolivia: la mítica e histórica Ciudad de Potosí, célebre por su Cerro Rico y su monumental arquitectura colonial. En estas mismas tierras altiplánicas, la fe y la tradición se transforman en herencia viva a través de la majestuosidad festiva de Ch’utillos —la gran fiesta de San Bartolomé y San Ignacio de Loyola—, mientras que los saberes ancestrales de la herboristería médica se mantienen vigentes gracias a la mística de la Cosmovisión andina de los Kallawayas.

Aquellos amantes del calor y la cultura escrita en piedra pueden visitar Samaipata, en Santa Cruz. Este imponente rincón de la provincia Florida es hogar de El Fuerte, un sitio arqueológico prehispánico único en América cuyo centro ceremonial está completamente labrado sobre una colosal roca. Santa Cruz expande este legado hacia las llanuras orientales con las Misiones Jesuíticas de Chiquitos, seis poblaciones vivas que conservan sus templos barroco-mestizos y su mística intacta. Siguiendo el rumbo del calor oriental hacia el norte, el departamento de Santa Cruz también cobija al majestuoso Parque Nacional Noel Kempff Mercado, un paraíso biodiverso que destaca como el único patrimonio estrictamente natural del territorio nacional.

Bolivia atesora múltiples patrimonios de la humanidad y legados mundiales.

La riqueza boliviana viaja desde las tierras bajas hasta las alturas altiplánicas. Sitios icónicos como el imponente centro espiritual y político de Tiwanaku en La Paz, las fachadas blancas de la capital histórica de Sucre y los sagrados caminos prehispánicos transnacionales del Qhapaq Ñan (Sistema Vial Andino) son los patrimonios materiales del país. Es un mapa de piedra y geografía que se complementa con la fuerza del legado vivo en el occidente boliviano. La Paz aporta a esta herencia el colorido de los recorridos rituales durante la tradicional feria de la abundancia de la Alasita, el fervor masivo de la Festividad del Señor Jesús del Gran Poder y la salvaguardia cultural de las comunidades aimaras, un reconocimiento que el país comparte con Chile y Perú.

A este mapa tangible se le suman sus fascinantes tradiciones vivas e inmateriales, estructurando un total de 17 bienes reconocidos por la Unesco. El alma festiva de la nación continúa su despliegue con la majestuosidad folclórica del célebre Carnaval de Oruro, la profunda devoción y alegría de la Fiesta Grande de Tarija dedicada a San Roque, las vibrantes danzas y músicas de la cultura Yampara a través de El Pujllay y el Ayarichi en Chuquisaca, y la imponente celebración amazónica de la Ichapekene Piesta en San Ignacio de Moxos, Beni. Este magnífico inventario cultural de 17 joyas universales se corona en Chuquisaca con la bellísima Fiesta de la Virgen de Guadalupe, patrona de Sucre. Así, cada rincón demuestra que la verdadera fortaleza de la nación radica en su asombrosa pluralidad cultural.

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