La decisión de Trump de derrocar a Maduro está llena de riesgos: lo que sucederá después es incierto
Es posible que Estados Unidos quiera que muchos de sus enemigos dejen el poder. Por lo general, no envía al ejército para destituirlos físicamente.
El abrupto despertar de Venezuela tomó dos formas.
Sus residentes se amanecieron repentinamente con el ruido de estruendos ensordecedores: el sonido de su capital, Caracas, bajo el ataque de los bombardeos estadounidenses dirigidos a la infraestructura militar.
Su gobierno ha despertado ahora también de cualquier ilusión de que la intervención militar estadounidense o el cambio de régimen fueran solo una amenaza lejana.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado que su líder, Nicolás Maduro, ha sido capturado y trasladado fuera del país. Ahora se enfrenta a cargos por tráfico de armas y drogas. Se desconoce su paradero exacto y sus colegas han exigido pruebas de que sigue vivo.
EE.UU. no ha llevado a cabo una intervención militar directa en América Latina como esta desde su invasión de Panamá en 1989 para derrocar al entonces gobernante militar, Manuel Noriega.
En aquel entonces, al igual que ahora, Washington lo presentó como parte de una campaña más amplia contra el tráfico de drogas y la criminalidad.
EE.UU. lleva mucho tiempo acusando a Maduro de liderar una organización criminal dedicada al tráfico ilegal, algo que él niega rotundamente. Ha designado como grupo terrorista extranjero al «Cartel de los Soles», nombre con el que EE.UU. se refiere a un grupo de élites venezolanas que, según afirma, orquestan actividades ilegales como el tráfico de drogas y la minería ilegal.
