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El Gran Chaco busca oportunidades en la agenda global UE-Mercosur

El encuentro en Bruselas no solo posicionó al territorio en la agenda UE–América Latina, sino que abrió oportunidades concretas de cooperación técnica para el desarrollo sostenible del bioma en la región

En el marco de la Semana del Gran Chaco Americano en la Unión Europea, el 24 de febrero el bioma fue protagonista del “Diálogo con el Comité de Seguimiento para América Latina del CESE: El Gran Chaco Americano en foco”, realizado en Bruselas. La jornada contó con la participación de Liliana Paniagua, secretaria ejecutiva de Redes Chaco —plataforma que articula a más de 300 organizaciones en la región—; Alejandro Brawn, presidente de la Fundación ProYungas; Diego Bustamante, presidente de la Asociación Franciscana Pata Pila, organización que trabaja con comunidades indígenas vulnerables y lucha por mejores condiciones de salud y nutrición infantil, como también con programas de empleabilidad; y John Comer, miembro del Comité Económico y Social Europeo y presidente del Comité de Seguimiento para América Latina y el Caribe.

Para Bolivia, el impacto es estratégico. El Chaco boliviano, especialmente el Chaco tarijeño, alberga la cuenca alta donde nacen los ríos Bermejo y Pilcomayo, principales afluentes que estructuran el sistema hídrico del Gran Chaco Americano. En territorio boliviano se produce la recarga hídrica que sostiene ecosistemas y economías aguas abajo en Argentina y Paraguay. Esta condición convierte a Bolivia en actor fundamental en cualquier discusión sobre sostenibilidad, deforestación y adaptación climática en el bioma.

El Gran Chaco boliviano representa un territorio vivo y estratégico. A diferencia de otras zonas del bioma, mantiene un alto porcentaje de bosques primarios y mayores niveles de conservación, un activo clave frente a los estándares ambientales que hoy exige la Unión Europea. Esta condición no solo es ambiental, sino también económica: posiciona a Bolivia con ventajas competitivas en un escenario de comercio internacional que prioriza sostenibilidad y trazabilidad.

El primer panel analizó el Acuerdo UE–Mercosur y su potencial para generar beneficios tangibles para las personas y los territorios, promoviendo comercio e inversión bajo estándares ambientales más exigentes. En este marco, el acuerdo puede transformarse en una herramienta para fortalecer el control de la deforestación, mejorar la trazabilidad de productos agropecuarios y consolidar cadenas de valor responsables. Para el Chaco boliviano —que cuenta con amplias superficies de conservación y experiencias de producción sostenible— esto representa la posibilidad de escalar modelos productivos innovadores y acceder a mercados con mayor valor agregado y que cumple con la normativa europea para lograr este acuerdo.

En este contexto, Liliana Paniagua subrayó que el posicionamiento del bioma en la agenda global es urgente. “El Gran Chaco Americano no es solo un reservorio de biodiversidad. Es un territorio vivo que ofrece soluciones concretas para la transición verde y la resiliencia climática”.

La dirigente destacó que la articulación regional permite aprovechar oportunidades de cooperación y financiamiento, y remarcó la importancia de integrar sostenibilidad, inclusión social y enfoque territorial en las relaciones comerciales entre América Latina y la Unión Europea.

La agenda europea también puso el foco en la debida diligencia ambiental y en los nuevos marcos regulatorios que influirán en las cadenas de suministro. Estos instrumentos pueden traducirse en cooperación técnica para fortalecer sistemas de monitoreo, certificación y cumplimiento ambiental. Para Bolivia, esto implica la oportunidad de consolidar políticas públicas que acompañen a productores, comunidades indígenas y gobiernos locales en procesos de adecuación normativa, acceso a tecnología y fortalecimiento institucional.

Otro eje central fue la migración inducida por el clima. Sequías prolongadas, olas de calor y degradación de ecosistemas están generando presión sobre los medios de vida rurales. En este sentido, la adaptación y el fortalecimiento comunitario pueden contribuir a mitigar desplazamientos forzados. Para Bolivia, anticipar esta agenda mediante políticas de Estado orientadas a las poblaciones más vulnerables puede reducir riesgos sociales y fortalecer la cohesión territorial.

La sostenibilidad, clave para la UE

El mensaje que dejó Bruselas es claro: si el acuerdo UE–Mercosur se implementa con estándares de sostenibilidad y control efectivo de la deforestación, el Gran Chaco puede consolidarse como un territorio de valores productivos estratégicos en el comercio internacional. Para Bolivia, donde nace el agua que da vida al bioma y donde existen experiencias concretas de conservación y producción sostenible, esta agenda representa una oportunidad histórica para proyectar un modelo de desarrollo resiliente, innovador y con mayor inserción global.

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